viernes, 5 de diciembre de 2014

Cartas a mis memorias


Le escribo con la única intención de que estas letras alguna vez en la vida le sirvan.
Mi historia no la pienso contar, claro que no, pero probablemente a alguien sí le llegara a interesar. Puedo no sentirme vanagloriada, pero he deseado sentirme así, es por eso que lo espero de alguien.
No le escribo esto para sentirme vanagloriada, esto lo escribo por usted. Espero que esto le sirva de consuelo, no de resignación, no lo confunda. Me atrevo a escribirle con la única intención de comunicar mis letras con usted.
El amor no es algo ridículo a ninguna edad. ¿Se ha preguntado alguna vez si nuestro miedo es el temor a la muerte o a la vejez?
Dieciocho minutos bastan para acabarse una botella de alcohol.
¿Qué hacemos con el amor que hemos dejado atrás?
Nunca nadie antes le había hecho llorar tanto, ni le harán reír de igual forma. He esperado este momento por mucho tiempo, y aunque pase el tiempo, el tiempo nunca pasará.
Se ha preguntado ¿Cuántas lágrimas no han caído por mi pecho después de cansadas noches de angustia y dolor?
No piense por mí ni crea en hechos que no se han comprobado. Nunca conocerá usted mi realidad ni mi verdadero ser, si eso es lo que desea. Le escribo con la única intención de comunicarle eso, y nada más.
No quiero confundirla ni ser confundida, no quiero nadar en aguas turbias ni ser revuelta; no quiero remojarme en aguas que no me pertenecen ni ser echada de los peores lugares.
He escuchado las voces más absurdas en los lugares que jamás pensé escuchar, cantándome a mí, cantándole a usted, aquí, en mi mente, en la realidad, en la realidad de muchos, y lo puedo comprobar.
No haga esto más difícil, no intente comprobar la veracidad de mis letras con alguien más. Este es su libro, colecciónelo, bótelo. Haga con él lo que usted quiera hacer. Quémelo, arrójelo al río Magdalena, es su historia y la mía, con la única diferencia de que usted la tiene porque yo se la escribí, yo sí tuve el coraje.
Mi intención no es que me responda, claro que no. Con solo minutos que dedique de su vida a estas letras, me bastará.
Sea feliz, como un demonio. No que sea feliz como un demonio; que sea feliz, porque como un demonio lo deseo.
Entre mis letras y mis delirios le escribo; tratando de que entre olas confusas me logre entender; que entre distancias logre recordar que este pecho con un agujero negro le extraña, y no porque sea yo, y no porque nuestra historia haya durado precisamente dos años, seis meses y veintiún días, sino porque dentro de él hay algo que se almacena como la tierra abona al trébol de cuatro hojas que crece sin saber que es especial para las personas que en tardío tiempo sabrán que lo es, que cuando lo busquen probablemente volará hecho pedazos entre suaves vientos que acompañan el frío clima de una linda ciudad, sino porque yo soy y seré, lo que su vida jamás se ha tomado el valor de confirmar, de aceptar, de creer, la persona que como nadie le ha hecho más feliz.

Desde lo más profundo y lo más liviano de un cofre que no almacena sino su recuerdo, le escribo, con la esperanza de que nadie más entienda éstas palabras, solo usted, fruto bendito de un amor maldito.

No hay comentarios:

Publicar un comentario